NOMBRE: Gabriela Jacqueline López García.
CAPITULO XVI “Algunos detalles de la vida detrás de las alambradas”
A fines de noviembre
de 1944, disminuyó la vigilancia alemana, ahora los hombres y las mujeres
podían tener contacto, ya que no había vigilancia en lo largo de las
alambradas, las parejas ahora se podían ver el problema era que la maya estaba
cargada de electricidad y el contacto con ella era mortal.
Una tarde del domingo
una muchacha bonita húngara aproximadamente de veinte años estaba herida en un
tiro en los ojos, esta muchacha tenía una relación con un chico francés
estudiante, que había sido arrestado por miembros de la resistencia, se vieron
de lado y otro de la maya y se enamoraron, un día para divertirse los alamanes
arrojaron balas y le dio a la chica en el ojo derecho.
Corrían rumores de
los tatuajes de los prisioneros, muchos creían muchas cosas que no serían
enviados a la cámara de gas o que sólo eran tatuados en cuanto llegaban los
rumores eran muchos; a veces todos los deportados eran tatuados cuando
llegaban, los tatuaban con números pero por alguna razón los Alemanes no
pasaban del número 200,000 la señora Olga era el número “25,403” que es lo que
le acompañara toda la vida.
No solo los marcaban
con números, sino también con figuras como una insignia triangular de tela
blanca la letra P significaba Polaco, la R Ruso y la “N.N.” significaba la
muerte que era “Noche y Niebla”.
CAPITULO XVII “Los métodos y su insensatez”
Auschwitz era un
campo de trabajo, pero Birkenau era un campo de exterminación.
Esskommando era un
grupo integrado por los que transportaban la comida, la señora Olga tenía que
cargarlos hasta el hospital que estaba a un kilometro.
Habia unas tareas
muy inutiles... por ejemplo cada interno tenia que llenar dos cubetas con agua
hasta el borde. Tenian que llevar acabo esa estupida tarea con todo cuidado. En
cuanto habian desaparecido el montón de piedras, respirabamos a nuestras
anchas. tambien tenia que atender al lodo. La salida de esta algunas de ella
vestida con la ropa de traje de noche.
CAPITULO XVIII “Nuestras vidas privadas”
Durante cinco meses
la señora Olga estuvo compartiendo la angosta habitación con otras cinco
personas, según ella la doctora “G” era la más interesante de sus compañeras
ella había sido medica en Transilvania; todas las tardes contaba que la blocava
la había invitado a tomar el té, y lo describía como si fuese uno de esos tés
elegantes. La segunda de sus compañeras era una chica rubia yugoslava, ella se
creía médica y estudiaba vorazmente; aunque esos no eran realmente libros de
medicina, ella se ponía nerviosa porque si los alemanes se enteraban de que
había mentido la podían matar. La tercera de las compañeras era la doctora
Rozsa, una pediatra checa, según Olga esta era una mujer fea de baja estatura
que aproximadamente tenía cincuenta y cinco años. La cuarta compañera
(mencionada con la letra “S”) era cirujana de primera clase y en tiempos atrás
había sido la principal asistente de el marido de Olga; a S la habían llevado
junto con sus cuatro hermanas lo cuál era un cariño fraternal, S sólo vivía
para ellas, todo el día pensaba en ellas. La quinta compañera era una dentista
se había casado inmediatamente antes de ser deportada, ella solía decirles
irónicamente que habían pasado su noche de bodas en el vagón de carga. Después
de tiempo fueron siete las que vivían ahí; la séptima era Magda, era su
compañera a la que “seleccionaron” junto con ella; Olga tenía de compañera de
cama a otra esposa de un médico, llamada Lujza. Borka otra chica yugoslava era
una de las personas menos egoístas y menos interesadas que había visto Olga en
su vida. Otra compañera de habitación, la doctora “O” era lo contrario a la
doctora G. ella creaba un mundo grato de fantasía mientras la doctora O siempre
ponía las cosas peor de lo que estaban.
Con el tiempo fueron
doce mujeres las que vivían en la habitación. Tiempo después fue el cumpleaños
de Olga y L (un amigo de Olga) le regalo
un cepillo de dientes (que por cierto estaba usado y le hacía falta una parte)
pero esto era como una maravilla así que ella no le tomo importancia.
CAPITULO XIX “Las bestias de Auschwitz”
Joseph Kramer era el comandante en
jefe de el campo de concentración era el hombre más famoso en todo Birkenau, la
autora dice que es gordo, grande y que se parece a Buda. Un día los presos de
un campo de concentración comenzaron a tocar algunos instrumentos musicales
para los demás presos y en eso pasaron unos aviones grabando como tocaban y
como se “divertían”. Hacían esto para que si en caso de que los rusos llegaban
vieran que los campos de concentración no eran tan terribles como todos decían
y que los alemanes los trataban bien. Los malditos soldados mataban a las
enfermas y a las embarazadas a golpes. El doctor Mengerle era el encargado de
las cámaras de gas y también un seleccionador, buscaba cualquier escusa por
tonta que fuera para mandar a alguien a las cámaras de gas. El infeliz
disfrutaba hacer sufrir a las prisioneras y asustarlas. Todas en el campo de
concentración lo odiaban muchísimo. Irma Greise ,”el ángel de la muerte” y una
mujer muy bella, era otra de las personas más aborrecidas y temidas del campo,
era una rubia seleccionador muy sádica, parecía que no tenia remordimiento ni
sentimiento alguno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario