martes, 14 de mayo de 2013


NOMBRE: Gabriela Jacqueline López García.

CAPITULO XVI  “Algunos detalles de la vida detrás de las alambradas”
A fines de noviembre de 1944, disminuyó la vigilancia alemana, ahora los hombres y las mujeres podían tener contacto, ya que no había vigilancia en lo largo de las alambradas, las parejas ahora se podían ver el problema era que la maya estaba cargada de electricidad y el contacto con ella era mortal.
Una tarde del domingo una muchacha bonita húngara aproximadamente de veinte años estaba herida en un tiro en los ojos, esta muchacha tenía una relación con un chico francés estudiante, que había sido arrestado por miembros de la resistencia, se vieron de lado y otro de la maya y se enamoraron, un día para divertirse los alamanes arrojaron balas y le dio a la chica en el ojo derecho.
Corrían rumores de los tatuajes de los prisioneros, muchos creían muchas cosas que no serían enviados a la cámara de gas o que sólo eran tatuados en cuanto llegaban los rumores eran muchos; a veces todos los deportados eran tatuados cuando llegaban, los tatuaban con números pero por alguna razón los Alemanes no pasaban del número 200,000 la señora Olga era el número “25,403” que es lo que le acompañara toda la vida.
No solo los marcaban con números, sino también con figuras como una insignia triangular de tela blanca la letra P significaba Polaco, la R Ruso y la “N.N.” significaba la muerte  que era “Noche y Niebla”.


CAPITULO XVII  “Los métodos y su insensatez”
Auschwitz era un campo de trabajo, pero Birkenau era un campo de exterminación.
Esskommando era un grupo integrado por los que transportaban la comida, la señora Olga tenía que cargarlos hasta el hospital que estaba a un kilometro.
Habia unas tareas muy inutiles... por ejemplo cada interno tenia que llenar dos cubetas con agua hasta el borde. Tenian que llevar acabo esa estupida tarea con todo cuidado. En cuanto habian desaparecido el montón de piedras, respirabamos a nuestras anchas. tambien tenia que atender al lodo. La salida de esta algunas de ella vestida con la ropa de traje de noche.



CAPITULO XVIII  “Nuestras vidas privadas”
Durante cinco meses la señora Olga estuvo compartiendo la angosta habitación con otras cinco personas, según ella la doctora “G” era la más interesante de sus compañeras ella había sido medica en Transilvania; todas las tardes contaba que la blocava la había invitado a tomar el té, y lo describía como si fuese uno de esos tés elegantes. La segunda de sus compañeras era una chica rubia yugoslava, ella se creía médica y estudiaba vorazmente; aunque esos no eran realmente libros de medicina, ella se ponía nerviosa porque si los alemanes se enteraban de que había mentido la podían matar. La tercera de las compañeras era la doctora Rozsa, una pediatra checa, según Olga esta era una mujer fea de baja estatura que aproximadamente tenía cincuenta y cinco años. La cuarta compañera (mencionada con la letra “S”) era cirujana de primera clase y en tiempos atrás había sido la principal asistente de el marido de Olga; a S la habían llevado junto con sus cuatro hermanas lo cuál era un cariño fraternal, S sólo vivía para ellas, todo el día pensaba en ellas. La quinta compañera era una dentista se había casado inmediatamente antes de ser deportada, ella solía decirles irónicamente que habían pasado su noche de bodas en el vagón de carga. Después de tiempo fueron siete las que vivían ahí; la séptima era Magda, era su compañera a la que “seleccionaron” junto con ella; Olga tenía de compañera de cama a otra esposa de un médico, llamada Lujza. Borka otra chica yugoslava era una de las personas menos egoístas y menos interesadas que había visto Olga en su vida. Otra compañera de habitación, la doctora “O” era lo contrario a la doctora G. ella creaba un mundo grato de fantasía mientras la doctora O siempre ponía las cosas peor de lo que estaban.
Con el tiempo fueron doce mujeres las que vivían en la habitación. Tiempo después fue el cumpleaños de Olga y L (un  amigo de Olga) le regalo un cepillo de dientes (que por cierto estaba usado y le hacía falta una parte) pero esto era como una maravilla así que ella no le tomo importancia.


CAPITULO XIX  “Las bestias de Auschwitz”

Joseph Kramer era el comandante en jefe de el campo de concentración era el hombre más famoso en todo Birkenau, la autora dice que es gordo, grande y que se parece a Buda. Un día los presos de un campo de concentración comenzaron a tocar algunos instrumentos musicales para los demás presos y en eso pasaron unos aviones grabando como tocaban y como se “divertían”. Hacían esto para que si en caso de que los rusos llegaban vieran que los campos de concentración no eran tan terribles como todos decían y que los alemanes los trataban bien. Los malditos soldados mataban a las enfermas y a las embarazadas a golpes. El doctor Mengerle era el encargado de las cámaras de gas y también un seleccionador, buscaba cualquier escusa por tonta que fuera para mandar a alguien a las cámaras de gas. El infeliz disfrutaba hacer sufrir a las prisioneras y asustarlas. Todas en el campo de concentración lo odiaban muchísimo. Irma Greise ,”el ángel de la muerte” y una mujer muy bella, era otra de las personas más aborrecidas y temidas del campo, era una rubia seleccionador muy sádica, parecía que no tenia remordimiento ni sentimiento alguno.


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