miércoles, 29 de mayo de 2013

Capi. 24-25-26-27 Los Hornos de Hitler



Alumna: Ramirez Mejia Karen Ariatna.

CAPITULO XXIV
  EN EL CARRO DE LA MUERTE
Pues sus padres e hijos con los que llego en un principio ya era seguir que habían muerto en los crematorios de los hornos de Hitler y cada vez  que ella veía cruzar por el campo en el que habitaba a los hombres, Olga le emocionaba creer que entre ellos se pudiera encontrar su adorado esposo que en varias veces ella lo soñaba trabajando en las minas, con los pies hundidos en el agua hasta las rodillas, o desmenuzando piedra por piedra en la cantera,
Olga unas cuantas veces le mandaba mensajes pero nunca recibió  respuesta.  Después de 6 meses, se enteró a través por el servicio de resistencia de que estaba trabajando en el campo de buna, situado a 40 km. De Birknau en el que su oficio era ser cirujano del hospital.
Olga se arriesgo mucho al querer verlo por lo que se hizo pasar por las enfermeras que cuidaban a los locos que eran destinados a donde su esposo  trabajaba.
Al ver a su esposo le dio mucha tristeza verlo acabado, con canas y sucio, le dio mucha tristeza verlo así sintió feo que no lo pudo abrazar, pero después de un tiempo pudieron hablar.
Tiempo después se entero que su esposo falleció por tratar de ayudar a un francés.

CAPITULO XXV
EN EL UMBRAL DE LO DESCONOCIDO
En la mañana  del 12 de enero de 1945, aparecieron tropas de la s.s. den el hospital, recogieron todos los instrumentos de algún valor y los cargaron en camiones durante la media noche todos los datos que tuvieron de algún prisionero para que cuando llegaron sus liberadores no pudieran tener alguna pista de todos las barbaridades que cometían por la noche solo se veía la montaña de papeles en lumbre.  Los nazis se aferraban a matar a todas las pacientes porque no querían tener que encargarse de cargar con todas las prisioneras enfermas al cargarlas para esconderse, aunque tuvieron que tener cuidado de que los rusos no los liberaran.
En eso los soldados se llevaron a todos los prisioneros caminando y estaban saliendo formados de Birknau,  Olga no podía creer que estaban saliendo de ahí, y que fuera de ahí existía una vida, vida libre en donde habían varias cosas, entonces Olga recordó todo, recordó  a sus padres a sus hijos, a sus amigos y entonces ella lloro de tristeza.



CAPITULO XXVI
“ LA LIBERTAD”

Los guardianes de las S.S. que no rodeaban iban conduciéndose a un rebaño por la carretera de Auschwitz.  Hacía mucho frio por lo que los prisioneros sufrían, pero se les quitaba rápido porque sudaban de tanto que les obligaban a correr a toda prisa.
Entonces Olga y sus amigas Magda y Luisa se escaparon y corrieron en lodo, en cunclillas y a gatas, por fin llegaron a una casa en la que pudieran comer comida decente en lqa que hacían tiempo no comían y les costaba trabajo reconocer los deliciosos platillos pero estaban muy agradecidos con todos los cuidados que tenían hacia ellos.
Olga se invento una historia cuando se encontró con un oficial alemán el cual se lo creyeron y las apoyo e incluso le dijo que se pusieran a jugar con ellos.
Le costó trabajo tener relación con los alemanes aquellos que le causaron mucho dolor pero después se sentía feliz al ver que por fin había sido liberada.

CAPITULO XXVII
TODAVIA TENGO FE

Al mirar todo lo que había sucedido a Olga le dio mucha tristeza recordar con ese libro titulado “Los hornos de Hitler” en el que relata parte de su sufrimiento de lo que vio en Auschwitz Birkenau, pero a ella le daba fe que después de todo aunque hubieron varios desafíos entre ellos, ya que los alemanes los hacían pelearse por la comida, ropa, y cualquier otro lujo o por el simple hecho de pelear a un así a Olga le daba felicidad saber que unos judíos así les hayan hecho lo que le hayan hecho, ellos jamás se rebajaron en moralidad.
A ella le daba tristeza saber que por lo menos cuando los egipcios sufrían al trabajar ellos después podían admirar las pirámides que habían hecho , pero ellos solo cargaban por cargar.
Ellos solo pedían un vaso de agua lleno para ellos, menos golpes o un poco de paja para su koia que era duro, pero aun así ellas sufrieron mucho, jamás se comparara aquel infierno con otra cosa. Por eso Olga nos pide de favor no repetir esas horrocidades.

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